Estás en: Arte y Tecnología / Exposiciones Pasadas

 
 
Exposiciones
 
 

Onírico y Privado

julio de 2004

 

SÍNTESIS
MUESTRA
ARTISTAS
OBRAS
 
 
 
Muestra

La no-consecución de la armonía.
por Florencia Braga Menéndez, Curadora invitada

Leonardo peleaba el status intelectual del artista pintor, poniendo énfasis en las capacidades extra artesanales que manifestaba en el acto de la pintura.
Europa tuvo ese momento.

Durante el Renacimiento, la consecución de la armonía, en términos de Gombrich, significó para Europa una amarra moral que los siglos posteriores se encargaron de desvanecer. América no padeció tal amarra histórica.

Es un cliché decir que Latinoamérica, que no conoció una consecución de la armonía, que no tuvo testimonios arquitectónicos educándonos en las calles, que no tuvo experiencia de estabilidad, tiene “otra cosa”. El cliché implicaría una idealización del caos. Sin embargo, Latinoamérica es ciertamente un territorio desconcertado. Europa sigue siendo en parte lo propio, “lo inteligible en tanto forma parte de nuestro acervo”, reflexiona Ángel Núñez en su formidable “El Canto del Quetzal”. José Martí proponía salir del dilema: ”No hay batalla entre la civilización y la barbarie sino entre la falsa erudición y la naturaleza”.

Nuestra identidad probablemente sea la zona de encuentro entre estas infinitas cosmogonías no organizadas que describe Alejo Carpentier, y mientras el surrealista Louis Aragon ubicaba lo maravilloso cotidiano desde un pesimismo lúgubre europeo, desde descreídos juegos asociativos que se planteaban como absurdos desde el vamos, la idea de lo maravilloso en Carpentier implica la posibilidad de Fé, la rescata en Marco Polo, en Van Gogh, oponiéndola al escéptico surrealismo europeo.

Asistiendo al sopor del arte de las grandes capitales y ante la genuflexión de producción en serie que el circuito del arte demanda, la pregunta es: ¿no debieran ser la intensidad del color, el erotismo de la forma y la vorágine narrativa una posibilidad? ¿Una posibilidad crítica inclusive? Una cultura hiper hibridada como la nuestra, atravesada como está por discursos epistémicos complejos, una sociedad hija y madre de psicoanálisis, ¿no puede acaso elegir las formas en las que el síntoma se evidencie? Arte de rondas y pesadillas, y elogio al derecho a lo sublime también.

Retobado e inasible el mundo del arte moderno latinoamericano escapa a la cincha taxonómica. Artistas ensimismados, artistas sobre si, discursos que no se fuerzan a ilustrar tendencias y que sin embargo se hermanan mas alla de las fuerzas movimientistas, encontrándose a siderales kilómetros de distancia unos con otros. Toda la estrategia posmoderna consistió en un uso finalmente ironizado de la condición periférica. Kitsch, fue el término en el que morían los erotismos minúsculos y privados que desataban los vestidos, los modos, músicas y diseños. Los universos individuales traspasan la condición irónica que antes los habilitaba como chiste. Light, banal, el juego profundo y vital de los artistas ensimismados ha sido sistemáticamente atacado por una falsa actitud gris de compromisos sobre actuados y falta de talento. Y el sueño se amplió, y maravilloso/surreal, onírico y privado son tensiones que incluyen de manera más extensa toda la franja de experiencia pop globalizada, tensiones imposibles de alejar de la información gigantesca que nos recorre y construye. Los artistas tejen, dibujan, escenas, formas, despreocupados de la inscripción que ellas tengan en la taxonomía oficial. Surrealismo pop, real maravilloso, su intersección o su síntesis. Instalación y pintura. Ramas, incendios, besos, miradas. El muro se sonroja o empalidece. Late el pulso secreto del dibujante solitario. Grande, chiquito, casi invisible el gesto. Veintiún artistas sin voluntad de comparecer ante un jurado de habilitados, el juego rítmico de veintiún obras haciendo selvas de sentido en el espacio. Jungla sueño y restos festivos, el sentido se pliega y se revela medio escondido entre guirnaldas cansadas. Historias personales, historias de amor. ¿Qué bestia se atrevería a cuestionar la falta de universalidad de la emergencia de un beso?

La curaduría acompaña, la curaduría recorre el territorio de desconcierto, en el que las energías caóticas del sueño dictan, cantan, arrullan.


::volver::