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Negatec

del 21 de marzo
al 27 de mayo 07

 

SÍNTESIS
MUESTRA
ARTISTAS
OBRAS
CURADOR
 
 
Muestra

Negatec

por Luis Camnitzer, curador invitado

No se puede negar que el progreso técnico introduce un mejoramiento en el nivel de vida, pero también es evidente que fomenta la enajenación. Estamos viviendo cambios con un impacto similar al que tuvo la Revolución Industrial en el siglo XIX, aun si los efectos son distintos. Igual que entonces, hay una identificación entre la idea de progreso y el desarrollo tecnológico, y también, igual que entonces, se producen movimientos de resistencia que buscan asegurar una justicia social.

Los artistas presentados en NEGATEC no tienen una posición negativa, pero sí crítica frente a la tecnología.
En su obra Perseverance and How to Develop It (La perseverancia y cómo desarrollarla), Jenny Perlin combina las ideas de Sigmund Freud con las de Henry Ford, al servicio de una ética de trabajo obsesiva aplicada a nuestra vida cotidiana. El libro de H. Besser cuyo título Perlin utiliza para su obra apareció en 1915, el mismo año en que Freud publicó su Duelo y melancolía. Perlin conecta los ejercicios que Besser –un fordista– recomienda para un mejor funcionamiento en la línea de producción con las descripciones que Freud hace de las consecuencias. La ideología es traída al presente en un ciclo que ella describe como “trabajo, éxito, depresión y vuelta al trabajo”, que a su vez alimenta la industria de los psicofármacos.

La castidad, de Roberto Jacoby y Syd Babur, explora el amor platónico en un ambiente propicio para la sexualización de las relaciones, pero en el cual todas las comunicaciones están mediadas. El público puede conversar con los autores/actores, pero a través de la computadora, la cual se convierte en el túnel que conecta a la realidad con un mundo imaginado y romántico. El tema, a veces explícito, a veces dado por las circunstancias, es la castidad. Aparece como un contrapunto a lo que Jacoby describe como “una hipersexualización que domina la mayoría de las creencias y acciones humanas” y que no deja lugar al amor platónico, el “modelo filosófico fundante del pensamiento occidental”.

En sus automóviles Martina Fischer crea una situación en la que la misma fuente de energía que sirve de combustible a los vehículos les impide circular. El cable eléctrico es simultáneamente el impulsor del movimiento y la cadena que actúa de freno, creando así un círculo de futilidad. En otro campo, a aquellos pasantes que se acercan inadvertidamente a sus cajas se les ahorra el proceso engorroso de la confesión: un sensor percibe la proximidad del presunto contrito y emite la absolución en tres idiomas. Las cajas asumen, correctamente, que todo el que se acerca es un pecador, pero también apuestan a que todos somos redimibles. En su obra más traumática, una caja con una ranura para introducir monedas emite el sonido continuo de un corazón latiente, presumiblemente aprisionado. Al introducir una moneda, el latido cesa abruptamente, convirtiendo el acto de benevolencia en asesinato.

Wim Delvoye presenta los dibujos preparativos para su obra Cloaca, una máquina que en sus varias versiones, de 2000 en adelante, llegó a medir unos veinte metros de largo y funciona con una tecnología extremadamente sofisticada. Se la alimenta una vez al día y la comida pasa por distintos procesos químicos cuidadosamente estudiados que replican la digestión humana. Al cabo de varias horas, Cloaca expele el resultado de las transformaciones en la forma de un producto que es sorprendentemente parecido a su equivalente humano.

La instalación Dough (Masa de pan), de Mika Rottenberg, en cambio, se centra en un video que muestra el proceso de amasar el pan. Artesanal en su forma más siniestra, la producción de la masa presenta lo contrario de la asepsia. Como un embutido interminable, gracias a los esfuerzos de una operadora memorablemente obesa, la materia se mezcla con las gotas del sudor generado por el esfuerzo. Escatológicamente, la masa atraviesa orificios de pisos y paredes para finalmente excretarse y ser cortada en fragmentos que terminan envasados en bolsas de plástico para su distribución pública.

Liza McConnell crea situaciones que parecen tecnológicamente complejas, pero son resueltas con un mínimo de materiales descartables. El espectador camina sobre una cinta sin fin y activa la proyección de una carretera por la cual va manejando. Si bien parece una película cinematográfica normal, la imagen se crea por la proyección primitiva de otra cinta sin fin que tiene pequeñas balizas pegadas y que se mueve al mismo ritmo que la del aparato de ejercicios. Aun cuando el truco está a la vista y es parte obvia e integral de la obra, McConnell logra que la magia sobreviva.

Los Yes Men se dedican a utilizar la retórica y medios de sus contrincantes sin introducir cambio alguno para llevar las ideas al extremo posible. Su nombre viene del hecho de que nunca dicen “no”. El yesman es el adulador, el que dice que sí a todo y confirma todo lo que quiere aquel que está en el poder. Los Yes Men llevan esto al extremo, permitiendo así que el ridículo surja por sí solo. La obra exhibida aquí es la documentación de una presentación a un grupo de estudiantes universitarios norteamericanos en la que se propone el reciclaje de hamburguesas. Ilustrada con técnicas de animación de videos profesionales, la presentación explica que el cuerpo solamente absorbe un 20% del valor nutritivo. Como resultado, los Yes Men proponen la depuración de las hamburguesas ya comidas y su reelaboración en nuevas hamburguesas para repartir en las economías marginales.

En distintos momentos Iñigo Manglano-Ovalle hizo dos obras independientes que aquí terminaron complementándose. Una es la descomposición y recomposición digital, con 168.000 repeticiones, del sonido de un balazo. Durante once minutos, la explosión original se extiende y modula en una secuencia casi melódica e inofensiva que sugiere una tormenta lejana con una lluvia benigna. Simultáneamente, el paraguas expuesto es de Kevlar, una fibra plástica creada por Dupont para hacer chalecos antibalas. Manglano-Ovalle logra la misma mezcla de lo inofensivo con el peligro de muerte. La lluvia que nos puede empapar es de balas.

En forma más benévola, Ola Pehrson traduce las gráficas de las fluctuaciones de la bolsa de acciones en notas musicales. Éstas luego son cantadas por coros profesionales. Gracias a la calidad interpretativa de los coros, el NASDAQ Vocal Index tiene una calidad sorprendente y encaja dentro de los códigos de la música clásica. Las distintas compañías se revelan como poseedoras de personalidades musicales diferentes (cada integrante del coro representa una compañía), y en el coro crean una unidad armónica.


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