Getting
Over | Video-instalación
por Lic. Corinne Sacca Abadi, curadora
"Mi pensamiento va a lo que no tiene Ni nombre
ni sentido... La de mayor pureza sigue siendo la forma
Que transminó la bruma al disolverse, La nieve
pisoteada es la única rosa".
Ives Bonnefoy
La ilusión de la unidad hombre- mundo sostenida
en el arte a través del ideal clásico o
del naturalismo contemplativo del siglo XIX ha caído
hace largo tiempo. El Romanticismo propuso una recuperación
de la relación con la Naturaleza desde una nueva
subjetividad profundamente individualista; la fascinación
por el paisaje devino en algo más que un espectáculo
maravilloso con tintes pasionales; el sueño utópico
de un encuentro con lo más íntimo y verdadero
del sujeto era mediado por la Naturaleza. La búsqueda
del paisaje virginal, originario, indomable y exótico
potenciaba vivencias de gran intensidad emocional.
El hombre contemporáneo interviene sobre el mundo
natural -para bien y para mal- con un nivel de sofisticación
tan extraordinario que nos sorprende, desconcierta, enciende
las alarmas y –algunas veces- nos brinda esperanzas.
Los cuestionamientos éticos y las furiosas polémicas
desatadas se mantienen aún en circuitos que pocas
veces logran una praxis transformadora de la realidad.
Los avances actuales en ingeniería genética
y su potencial futuro, impensables hace pocos años,
y sus correlatos en la promesa de prolongación
de la vida, y la cura de enfermedades no logran evitar
que el fantasma de la catástrofe se encuentre
ya instalado en el imaginario colectivo. Sin embargo,
la pasividad es la respuesta más generalizada.
Varios movimientos ecologistas internacionales han logrado
quebrar, parcialmente, el velo que cubre la dolorosa
realidad para penetrar en la conciencia colectiva, aunque
sea unos instantes, a menudo no mucho más de lo
que dura la imagen de una acción de alerta aparecida
en los medios de comunicación. Las estadísticas
que ponen cifra a los daños ya causados al planeta
son escandalosas, sin embargo la expectativa futura lejos
de corregir su camino de autodestrucción, multiplica
los riesgos geométricamente. No se trata del mal
absoluto sino de la banalidad del mal, de su trivialidad
y la indiferencia que nos mantiene ajenos de nosotros
mismos con una sensación de impotencia y culpa
frente a lo que pareciera irremediable. Para producir
un cambio sustantivo en este estado de cosas no alcanza
con lograr una mayor conciencia ecológica y una
nueva voluntad política. Felix Guattari afirma
que una revolución ecológica-ecosófica-
sólo puede hacerse a escala planetaria, como parte
de una imprescindible revolución cultural, política
y social. Para restituir el equilibrio y la defensa de
la Naturaleza físicamente amenazada hay que lograr
una modificación de los sistemas de pensamiento
que lo sustenta. La clave del cambio es el rechazo de
los sistemas que tienden a la uniformidad y al control
absoluto para respetar la biodiversidad, la pluralidad
en todas sus facetas tanto biológicas como culturales,
económicas, formales, estéticas. No debemos
reducir la complejidad del ecologismo a una mayor sensibilidad
en la defensa del medio ambiente sin incluirnos como
parte fundamental en él, lo que nos obliga a replanteamos
nuestra propia naturaleza. Para lograr una armonización
de la ecología social, ambiental, y subjetiva
(la del individuo) Guattari nos recuerda que no sólo
existe en la actualidad, una creciente degradación
de la ecología ambiental, sino de todas ellas,
en la medida en que son interdependientes.
La video-instalación Getting over de Andrea Juan
profundiza sus reflexiones sobre la línea de sus
trabajos anteriores desarrollando un paradigma que recorre
la semántica del accidente, la emergencia y la
catástrofe en diferentes contextos. Esta nueva
producción extiende los límites de su estrategia
comunicativa al implicar mas profundamente al espectador
incluido esta vez en el centro de la escena. La obra
se propone confrontar al visitante con su propia destrucción
propiciada por la acción violenta de gigantescas
masas de hielo que se fracturan y volúmenes de
aguas furiosas y sin control desplegadas en una magnificencia
sin orillas. El espectador se encuentra a sí mismo
inesperadamente en la pantalla, su silueta corporal aparece
recortada y proyectada dentro de los escenarios registrados
en los glaciares patagónicos. Una compleja articulación
de cuatro proyecciones simultáneas de videos diferentes
nos envuelve, incluyendo el piso sobre el que estamos
parados dando lugar a una experiencia fascinante, vertiginosa
y también perturbadora. De pronto hemos quedado
integrados en un espacio sublime y milenario en pleno
desgarro, y cuya fractura parece provenir del interior
de sí mismo. La desintegración de los glaciares
metaforizan al sujeto contemporáneo habitante
de un mundo inhóspito que promueve la disolución
de sí mismo y de su medio ambiente.
La obra pone en cuestión al sujeto contemporáneo
confrontado consigo mismo y con su entorno, generando
emociones de gran intensidad que no pueden soslayar una
lectura crítica de la experiencia. Las pistas
que Getting over formula requieren la reelaboración
de un espectador activo. En este trabajo se conjugan
los tópicos recepción y performance en
la actividad lúdica y crítica del espectador-
participante de una experiencia estética compleja.
La puesta en abismo del sujeto produce también
la puesta en abismo del estatuto de lo real. La realidad
del espectador que ingresa a una sala de exhibiciones
se funde mediante la edición técnica con
su realidad virtual, como protagonista de una proyección
en la que se observa a sí mismo observando la
escena que lo incluye.
La obra conmueve y convoca las emociones más
arcaicas, los miedos más antiguos en consonancia
con la antigüedad del espacio físico en que
transcurre la escena. Un impensable miedo a la muerte
de todo lo viviente, un terror al desborde sin fin, ilimitado
y absoluto aparece frente a la furia desatada por una
Naturaleza herida de muerte que se adueña del
poder para autodestruirse.
Afortunadamente la esperanza también está instalada
entre nosotros, las obras artísticas se constituyen
en un testimonio de ella.
La obra conmueve y convoca las emociones más
arcaicas, los miedos más antiguos en consonancia
con la antigüedad del espacio físico en que
transcurre la escena. Un impensable miedo a la muerte
de todo lo viviente, un terror al desborde sin fin, ilimitado
y absoluto aparece frente a la furia desatada por una
Naturaleza herida de muerte que se adueña del
poder para autodestruirse.
Afortunadamente la esperanza también está instalada
entre nosotros, las obras artísticas se constituyen
en un testimonio de ella.
Rescue (2001))
Una travesía accidental
La trayectoria artística de Andrea Juan sostiene
una coherencia lógica que se vertebra en una idea
clave: la violencia. Pero la referencia se torna cada
vez más oblicua y sutil, cabalga montada en la
urgencia por el acto de salvar una vida, una obsesión
por la emergencia y el peligro inminente es el telón
de fondo de sus trabajos en los que una distancia afectiva
impide la irrupción del dolor, apenas sugerido.
Dos videos diferentes y complementarios proyectados en
la sala generan un cruce de imágenes y sonidos
inesperados manteniendo la unidad del concepto. La realidad
que percibimos se bifurca al instalarse un simulacro
visual. Surgen interferencias en la visión.
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