Colección
Telefónica de Argentina
por Lic. Corinne Sacca Abadi, Curadora
“El arte es la prueba de que la vida no alcanza.” Autor
anónimo “El arte es un remedio contra
la naturaleza imperfecta y fragmentaria de la vida.
Arnold Hauser“Crear es esa posibilidad de inventar
ser.” Julio Cortázar
El Espacio Fundación Telefónica se propone
como un ámbito propicio para fortalecer los
lazos comunitarios y reafirmar sin vacilaciones el
vasto y fructífero universo de la educación
y el arte. Este Centro Cultural es un sitio privilegiado
para la experimentación por cuanto ofrece tecnología
de última generación para el desarrollo
de diversas expresiones. Y ello está en línea
con los fundamentos filosóficos de la Fundación
Telefónica, que realiza proyectos que produzcan
un cambio mensurable en las comunidades donde se efectúen.
Trabaja en cuatro áreas temáticas: telemedicina,
teleasistencia y discapacidad; promoción social
y cooperación; cultura, y educación.
Las acciones realizadas se basan en la búsqueda
de mejoras en la calidad de vida de las personas mediante
la aplicación de las nuevas tecnologías
de la información y de las comunicaciones.
La presentación de la “Colección
Telefónica” otorga sentido al coleccionismo
al hacer visible el patrimonio artístico atesorado,
ofreciendo al público -haciendo público – su
tesoro, en tanto thesaurus, como un conjunto de valores
conservados. La lectura de esta exposición ofrecerá un
valioso aspecto de nuestras artes visuales e invitará al
espectador a descubrir el diálogo entre las
diversas poéticas que la integran. Uno de los
aspectos que más nos interesa profundizar es
el encuentro abierto con el público, necesitamos
espectadores activos, curiosos y participativos. Ellos
son los destinatarios de nuestro trabajo.
La clave del coleccionismo es la experiencia estética
compartida. La pasión por reunir piezas subjetivamente
valoradas acredita una historia tan antigua como la
Humanidad misma. Las primeras huellas del coleccionismo
aparecen en los ajuares funerarios egipcios y en los
tesoros griegos. En el siglo V a.C. se daba el nombre
de “pinacoteca” a un ala de la Acrópolis
de Atenas. En Grecia el Mouseion era un templo dedicado
a las musas inspiradoras de las artes. En el año
300 a.C. se construyó en Alejandría un
conjunto de edificios denominado Mouseion que responde
a una concepción más actualizada de museo:
un espacio que alberga objetos valiosos de la historia,
pero que además se abre al público para
el estudio, intercambio y reflexión crítica
desde un contexto contemporáneo.
En Roma se reunieron grandiosas colecciones producto
de los botines de guerra. Los saqueos de Siracusa en
212 a.C. y de Corinto en 146 a.C. posibilitaron que
los templos romanos se nutrieran de la cultura griega.
Pompeyo, Cicerón y Julio César se enorgullecían
de sus tesoros artísticos. Ya en la Edad Media,
las obras más valiosas se hallaban en las iglesias,
como San Marcos en Venecia y Saint-Denis cerca de París.
El emperador bizantino Constantino VII y Carlomagno
formaron extraordinarias colecciones de objetos de
arte. El Renacimiento estimuló la valoración
y el descubrimiento de la Antigüedad clásica;
los humanistas incentivaron el interés por estudiar
distintas ramas del conocimiento y esto dio lugar a
la reunión de colecciones de objetos, algunos
muy extraños. Mucho tiempo antes de crearse
los museos actuales existían los denominados “gabinetes
de curiosidades”; eran sitios semiclandestinos
dentro de los palacios destinados a ser compartidos
exclusivamente con amistades íntimas. Allí,
los señores reunían las maravillas, rarezas
o monstruosidades que habían podido conseguir,
desde plantas desconocidas, animales exóticos,
criaturas con malformaciones y obras de arte en una
misma colección. Los unía cierta pasión
por lo prohibido y una curiosidad transgresiva, a menudo
dichos gabinetes incluían obras de alto voltaje
erótico. Hacia el final del Barroco se consolidaron
las grandes colecciones reales y privadas, base de
los museos europeos. Las más destacadas eran
las de los Papas en Roma, de los Habsburgo y los Borbones
en Madrid, de los Médici en Florencia, de los
Borbones en París y de los Romanoff en San Petersburgo.
Se logró promover el desarrollo de las artes
y se crearon las primeras colecciones, pero tuvieron
que pasar muchos años hasta su democratización.
Los Museos Vaticanos sólo podían ser
visitados por el común de la gente el Viernes
Santo de cada año, y los nobles reservaban el
goce del arte para sus amistades. Las colecciones eclesiásticas
y de los reyes de Francia fueron nacionalizadas en
1793 por un decreto del Gobierno Revolucionario y,
ese mismo año, el Palacio del Louvre abrió sus
puertas al público con el nombre de Museo de
la República.
Ya hacia fines del siglo XX los grandes museos contemporáneos
fueron denominados las “nuevas catedrales”,
por su convocatoria multitudinaria y su efecto de promoción
turística. Los museos actuales han renunciado
a ser una vitrina donde almacenar objetos valiosos
para convertirse en sitios de producción e investigación
artística. Los centros culturales contemporáneos
adquieren un notable protagonismo a partir del dinamismo
que despliegan y de la incorporación de variadas
propuestas artísticas.
La exposición de nuestra colección es
una oportunidad para abrir, aún más,
nuestras puertas a la comunidad. Asumimos una fuerte
responsabilidad junto con otras fundaciones de nuestro
país frente a demandas educativas y socioculturales.
Nuestras frecuentes, y a menudo dramáticas crisis,
nunca superadas del todo, nos impulsan a unirnos en
nuestras dificultades y esfuerzos para redoblar la
apuesta solidaria con el conjunto de la sociedad argentina.
Pero no estamos conformes, aceptamos nuestros sueños
y proyectos con la esperanza de incrementar nuestros
logros en el mediano y largo plazo. La revolución
permanente de las nuevas tecnologías nos obliga
a una constante actualización y adaptación
-a menudo traumática- a los nuevos códigos
de interacción social y de convivencia globalizada.
Es por eso que, en un futuro próximo, nos proponemos
incorporar a la “Colección Telefónica” obras
de artistas que trabajen con las nuevas tecnologías.
Nos planteamos consolidar la hemeroteca, la mediateca,
ampliar nuestra biblioteca y también reunir
un registro de experiencias de arte efímero.
Observamos con interés una tendencia a la fusión
de todas las artes en expresiones multimediáticas,
se proponen cruces entre el video, la fotografía,
el teatro, las performances, las esculturas, las pinturas,
arte por internet y el arte efímero. Es un hecho
prometedor comprobar que en las últimas ediciones
de las grandes convocatorias artísticas internacionales
se han sumado la arquitectura, la música, la
danza y el cine.
Los sistemas contemporáneos de producción
de la obra de arte ponen en cuestión siglos
de recorrido por ámbitos que están desacralizándose
en un camino sin retorno. Lejos del optimismo tecnológico
ingenuo y en función de la búsqueda de
reivindicar el derecho a una mejor distribución
de esos recursos, es que aspiramos a una utilización
lúcida y humanizada de la tecnología.