Muestra
La aparición de los nuevos medios en las artes
fue simultánea al desarrollo de las neovanguardias
de la década de 1960. No es sorprendente, por
tanto, que las preocupaciones críticas y analíticas
de éstas hayan repercutido en su evolución.
En lugar de explorar su propio lenguaje, los nuevos medios
han preferido frecuentemente proceder a una deconstrucción
de los lenguajes visuales y audiovisuales existentes,
como las artes plásticas, la fotografía,
el cine y la televisión.
Esta situación particular se percibe todavía
hoy en las obras electrónicas y digitales. Antes
que indagar en las propiedades estéticas de las
imágenes técnicas, los artistas prefieren
muchas veces señalar las limitaciones, las imperfecciones,
los secretos inconfesables de la tecnología. Optan
por poner a prueba los propios medios con los que trabajan,
eligen construir su discurso artístico de forma
tal de formular, al mismo tiempo, una pregunta sobre
la particular relación que arte, ciencia y tecnología
poseen en el mundo contemporáneo.
Desafiando el Hardware
Algunos artistas saben que para diseñar experiencias
tecnológicas realmente inéditas es necesario
desafiar el hardware.
El proyecto de Martín Bonadeo parte de la necesidad
de evitar las interfaces tradicionales del universo digital:
la pantalla, el mouse, el teclado. Crear un nuevo soporte,
encontrar un punto de contacto entre la pieza y el espectador
que no esté previamente formateado por una serie
de dispositivos que de tan comunes se han vuelto invisibles
e incapaces de provocar asombro o reflexión. Construir,
en cambio, un dispositivo inexistente, una pieza tecnológica
que imponga su presencia material además de vehicular
su caudal de textos e imágenes. La obra tiene
la forma de una cinta de Moebius. Si bien se trata de
un dispositivo clásico, no por eso deja de funcionar
como un instrumento reflexivo y crítico. Crítico,
en particular, de los sistemas de representación
de imágenes a los que estamos acostumbrados, basados
casi indefectiblemente en la planimetría cartesiana
Alexitimia, de Paula Gaetano Adi subvierte igualmente
el hardware –en este caso, un robot– y su
representación visual. La obra consiste en un
agente robótico interactivo que “transpira” ante
el contacto de seres extraños. Sin embargo, este “robot” no
se parece en nada a los popularizados por las ciencias
y las ficciones científicas. Su “inteligencia” no
se expresa en acciones precisas ni en el manejo de información,
sino más bien en un “lenguaje” completamente
ajeno a la mecánica y hasta ahora identificado únicamente
con el ámbito humano: el sudor. Así, Gaetano
Adi trasgrede no sólo la imaginería robótica
sino también las prescripciones funcionales inscriptas
en su naturaleza tecnológica. Anula su entidad
instrumental abriendo nuevas posibilidades al interjuego
entre máquinas y usuarios.
Profanaciones, Usos y Desvíos
Uso, consumo, profanación y desvío son
algunas de las tácticas que se despliegan en el
corazón del video Eleuvdee + [zerointerferencia]
(2005) de Leonello Zambon. Forzando las tradicionales
relaciones entre imágenes y sonidos en el registro
audiovisual, basadas casi exclusivamente en una referencialidad
tanto evidente como sugerida, Zambon se propone explorar
la grabación audiovisual como un verdadero material,
atendiendo a sus propiedades físicas, sus texturas,
sus pliegues. Compone música con imágenes,
hace del sonido la base de un universo imaginario. Para
esto se vale de algunas operaciones comunes a los lenguajes
visuales y sonoros, como los ritmos, contrapuntos, alternancias,
oposiciones. El montaje aparece como un punto clave,
aunque lo es mucho más la forma en que el artista
decide consumir sus materiales, gastarlos, maltratarlos,
desviarlos. Hay mucho más de actitud que de proeza
técnica en esta cinta, que está orientada
por un posicionamiento político frente a los productos
audiovisuales antes que por la mera exploración
de sus posibilidades estéticas.
Lucharemos Hasta Anular la Ley (2004), de Sebastián
Díaz Morales, parte de otro tipo de trasgresión,
aunque aquí cabría hablar más bien
de profanación: el episodio de destrucción
de la Legislatura porteña tras la aprobación
de la Ley de Convivencia Urbana. Sobre el registro del
acontecimiento, el artista produce una serie de desplazamientos
que extrañan el sustrato audiovisual, lo neutralizan,
lo transforman en un material que guarda escasas referencias
con el episodio policial e ingresa en el terreno de la
reflexión medial.
En Microcentro (2003), Pablo Ziccarello acude al medio
audiovisual para plasmar una particular textura comunicativa
urbana: la de los carteles de neón. La inestable
combinación de texto y luz de los carteles, sumada
a su creciente acumulación, propone a la ciudad
como un palimpsesto de estímulos sensoriales e
informativos, una trama de percepciones indefinibles
que van modelando su identidad contemporánea.
Juan Pintabona recurre igualmente a vestigios de arqueología
urbana para la realización de su pieza de net.art
Buenos Aires Word (2005). La obra presenta un catálogo
tipográfico construido a partir de graffiti desperdigados
por Buenos Aires. El artista ha separado las letras de
las frases murales encontradas en la ciudad y las ha
clasificado de acuerdo al tipo de cartel al cual pertenecían.
Luego, ha creado una interfaz que permite a cualquier
usuario elaborar frases a partir de esa tipografía
y enviarlas por correo electrónico, con opción
a almacenarlas en una base de datos. De esta forma, la
ciudad es el punto de partida para poner en marcha una
maquinaria que permite apropiar y refuncionalizar sus
sistemas de comunicación.
Políticas de la Intimidad
En su pieza Intimidad (2005), Leonardo Solaas expone
con ironía la transformación informática
de su mundo personal. Un listado de carpetas y archivos,
ordenados según la lógica de la computadora,
traduce lacónicamente su existencia de artista,
filósofo y programador. La indagación de
sus registros y documentos bien podría considerarse,
hoy en día, una verdadera invasión de su
privacidad. En tal caso, estaríamos ante la presencia
de un nuevo tipo de voyeurismo, uno que no apunta al
cuerpo y sus partes sino a la información y los
modos de organización personales.
En Zetz (2005), los integrantes de i2off+r3nder diseñan
un módulo de comunicación interpersonal
vía video-chat donde el programa se independiza
de los usuarios controlando el flujo audiovisual. Los
participantes pueden establecer el diálogo, pero
no pueden controlar las cámaras que los introducen
en la pantalla del ordenador. A la manera de un director
de cine, el programa realiza las decisiones: elige los
planos, alterna las tomas, construye la linealidad audiovisual.
Y al hacerlo pone en evidencia su presencia, señala
su mediación negando su invisibilidad habitual.
En Granada (2005), Graciela Taquini revisa el género
testimonial. A partir de la entrevista a una artista
cautiva durante la dictadura militar, Taquini compone
una puesta en escena que conmueve los límites
entre ficción y realidad. Incitando a la víctima
a reactuar sus dichos, convoca la relación torturador/torturada,
pero que al mismo tiempo parece exorcizarla. Por otra
parte, pone en evidencia la desigual relación
entre entrevistado y entrevistador, entre el que es registrado
y quien registra
::volver:: |