| Muestra
“¿Se puede narrar el tiempo, el
tiempo como tal?”
Holger Brikholz
(del Catálogo de la muestra Monitoring 2004 en
Kassel, Alemania).
En su novela La Montaña Mágica, Thomas
Mann dedica un capítulo entero a la representación
y la experiencia del tiempo. El punto culminante de sus
reflexiones acerca del fenómeno temporal es la
imagen de un paseo por la playa, en la que la monótona
uniformidad de las cosas hace que el tiempo parezca dilatarse
hasta lo infinito y, a la vez, contraerse en un solo
punto.
La imagen del cruce de dos calles flanqueadas por edificios
que Thomas Köner muestra en su instalación
digital Arrabales del vacío está completamente
desprovista de una fisonomía: nada indica de qué lugar
podría tratarse. No hay carteles ni publicidad
alguna a la vista. Ni siquiera existen rastros reconocibles
de humanidad; sólo unas pocas ventanas iluminadas
y algunos destellos de luz en las calles suponen la existencia
de personas. La imagen está callada, no cuenta
una historia. No es más que el retrato de un lugar.
Se ven una calle y un estacionamiento. Las condiciones
del clima cambian cada tanto y algunas nubes de niebla
se deslizan cuidadosamente sobre la escena. No se ven
personas. La secuencia visual está dada por imágenes
aisladas que sólo insinúan el paso del
tiempo, pero no terminan de representarlo.
Para producir Arrabales del vacío, Köner
recurrió a 200 Fotografías. Obtuvo el material
que utilizó con una cámara web de esas
que están dispuestas para el control del tránsito.
La cámara envía sus imágenes a través
de internet, de donde Köner las tomó y editó en
forma de un video. La imagen es la de un lugar en el
norte de Finlandia, casi sobre el círculo polar,
donde las heladas permanentes y la oscuridad propia de
la estación del año que corre, la determinan
durante gran parte del día. Para Thomas Köner,
el frío constante condiciona a una percepción
más aletargada y, en consecuencia, más
intensa.
Según él, incluso el oído se agudiza,
generándose una suerte de hastío que se
convierte en el umbral a través del cual se accede
a los espacios. La pista de sonido de Arrabales del vacío
contribuye a este aspecto: cada tanto se oyen ruidos
de fondo, chicos jugando, sonidos apenas perceptibles
desde lejos, pero que, ante la imagen desierta, se escurren
por detrás de ella como si se tratara de recuerdos.
Para Lars Svendsen, el hastío resulta de la congoja
por la infancia perdida: “No queremos aceptar que
poco a poco debemos abandonar aquel mundo mágico
de la infancia repleto de cosas nuevas y palpitantes.
Nos quedamos encallados en algún lugar entre la
infancia y la adultez, una especie de eterna pubertad,
cuya marca particular es el hastío.”
Köner cuenta que durante su infancia ha vivido
en uno de estos suburbios, en los que la noche se alimenta
del deseo de un mañana mejor.
¿Qué haríamos si esta noche perdurara?
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