EXTRANJERÍAS
Por Néstor García Canclini y Andrea
Giunta
No hacemos la
experiencia de ser extranjeros sólo al cruzar fronteras y cambiar de país.
En el lenguaje ordinario se nombran con esta palabra
otros modos de extrañamiento como los que suceden
al pasar de lo analógico a lo digital o de la
ciudad letrada al mundo de las pantallas, en el que los
jóvenes actúan como nativos y los adultos
aprenden con dificultad un lenguaje nuevo. La exposición
Extranjerías tiene como punto de partida un proceso
de investigación y dos coloquios en los que antropólogos,
artistas, críticos de arte y literatura, sociólogos
y especialistas en comunicación exploramos varios
modos actuales de restringir el tránsito de lo
propio a lo diferente.
Algunas obras
presentadas en esta exposición
aluden a desplazamientos geográficos, donde la
multiplicación de muros y la exasperación
de las discriminaciones contradicen la fantasía
de que las comunicaciones globales nos hacen a todos
vecinos. Pero tanto las ciencias sociales como la exploración
artística hacen visibles también extranjerías
referidas no sólo al que está del otro
lado de la frontera sino al otro cercano que desafía
nuestros modos de percibir y valorar. Hay segregaciones
que nos hacen sentir extraños en el lugar natal
o incitan a irnos del país. A veces, se trata
como extranjeros a los disidentes o a quienes se sienten
desubicados ante los cambios. También se replantea
la oposición adentro/afuera cuando muchos prefieren
no pertenecer, no ser incluidos ni en los órdenes
hegemónicos ni en los subalternos (por ejemplo,
artistas, intelectuales y amplios sectores de jóvenes).
La extranjería suele derivar del exilio y también
puede ser una elección.
En las artes
y los medios audiovisuales, la ambivalencia aparece
en los saltos tecnológicos
que crean discontinuidades entre tradiciones orales,
escritas y representaciones digitales. En ocasiones,
la extrañeza entre códigos culturales distintos
se aminora con las traducciones: la narrativa reinventada
en la escena digital como blogs, la iconografía
de la historia del arte reciclada en videoclips y videojuegos.
Estas interacciones –entre nacionalidades,
entre modos de representar las identidades, entre géneros
y lenguajes artísticos, entre prácticas
artesanales y tecnológicas- tal como fueron elaboradas
en los coloquios de 2007 y 2008, se analizan en el libro
Extranjeros en la tecnología y la cultura, recién
publicado por Ariel y Fundación Telefónica.
Para la exposición actual se
invitó a los artistas participantes en los coloquios
y se convocó a algunos más. Carlos Amorales,
en su “Historia de la música pirata”,
distribuye aleatoriamente 3000 cds sobre y entre las
figuras de personajes inventados, cuestiona las relaciones
entre original y copia, entre su léxico visual
y su participación en el grupo de rock “Nuevos
ricos”. La práctica de artista visual fluctúa
ente imágenes pintadas en discos, personajes enigmáticos
que danzan y la música que envuelve la instalación: “poder
operar en ámbitos que no son estrictamente del
mundo del arte”, o entre varias artes, instituciones
y circuitos ajenos a ellas hace posible, dice Amorales,
pertenecer a varios espacios a la vez, pertenecer y salir.
“Where are you from” designa
un proyecto de investigación, registro en video
y narración mediática de Pat Badani. Sus
16 videos de 3 minutos cada uno, algunos en inglés,
otros en francés y subtitulados en español,
permiten al visitante armar un recorrido entre lenguas
y relatos de arraigo y desarraigo. Orígenes y
nuevas localizaciones son espacios trans: de extranjerías,
tránsitos y traducciones.
La alternancia
entre lo propio y lo ajeno ocurre entre modos distintos
de apropiación.
Martín Bonadeo visualiza la oscilación
entre lo público y lo privado en carteles donde
esas palabras se suceden una y otra vez, como en los
tableros de los aeropuertos o las estaciones de trenes.
Este juego se potencia al hacerse en una institución
privada abierta al público, a lo público.
También porque la oscilación entre esos
antónimos se proyecta desde el espacio semiprivado-semipúblico
de la sala de exposición hacia afuera del edificio,
interviene el espacio público.
Mariana Castillo
sitúa su obra,
como otras suyas anteriores, en la extrañeza que
emerge cuando los lenguajes de distintas disciplinas –artes,
ciencias- van cruzándose. ¿Se arma una
polifonía, se conectan distintas vías de
conocimiento, o el azar ordena-desordena estructuras
(instituciones, programas, archivos) haciéndolas
coexistir con el caos? El artista y el espectador pueden
arribar a ecuaciones personales diferentes, generar una
especie de “maquina espasmódica”.
¿Cómo se ubican en una
institución artística situada en el centro
de la ciudad adolescentes de la periferia de Buenos Aires?
Roberto Jacoby busca las respuestas dándoles cámaras
de video e invitando a esos actores, habituados a tecnologías
recientes (por ejemplo, el teléfono celular),
a filmar lo que ocurre en un objeto técnico “antiguo”,
el ascensor de la sala de exposiciones, o lo que ellos
ven desde ahí. Mirar y ser mirado. ¿Quién
es más extranjero y respecto de qué?
La obra de Jorge
Macchi plantea paradojas que nos colocan en sucesivas
situaciones de desconcierto. Los objetos producen contextos
no previstos --como los renglones de una hoja de carpeta
que el dibujo de Macchi pone en movimiento, o un cerebro
que se comporta como una nube, se asemeja al plano
de una ciudad o se convierte en la copa de un árbol--,
las cosas comunes se vuelven ajenas o nuevas. El dibujo
sutil, el rastro veloz de la acuarela, nos llevan a
una mirada cercana para inmediatamente esbozar una
sonrisa.
La extrañeza es lo que vincula
a los personajes de Solo de tambor, el video de Liliana
Porter en el que conviven o se suceden muñecos
de bazar o de historieta que miran un cuadro famoso,
se casan, besan al Ché, bailan, son accionados
por una mano que les da cuerda, están al borde
de una silla, compiten mecánicamente, son interrumpidos
por chinos hieráticos o por alumnos de libro de
texto, también con miradas fijas, que entonan
un canto patriótico. Una clave de su expresividad
está en sus miradas, que la filmación y
la narración multifocal descongelan, o la cámara
les crea una subjetividad al hacerlos girar, al acercarlos
o alejarlos. Otra clave reside en los close ups y las
interrupciones súbitas que dejan el relato abierto.
La escena final que reúne a todos parece una asamblea
de extranjeros.
Los discursos
científicos y de
las artes visuales se interrogan recíprocamente
sobre sus creencias y supuestos en Papers, la pieza de
Mariano Sardón, que remite a textos de física
y álgebra de los que fueron removidos los nombres
de sus autores: quedan su tiempo de elocución,
su ritmo, lo implícito. Algunos fueron escritos
en alemán, otros en inglés o en francés.
El artista desdibuja su sentido sabio al destacar las
tipografías, sus formas visuales. Dos módulos
automáticos, cada uno con un proyector, se desplazan
sobre rieles y proyectan teoremas sobre un papel: ritmos,
estelas de luz, “demostradores” de una poética
más que de una formalización científica.
Hasta dónde puede llegar la formalización
de los saberes es también la preocupación
de Leonardo Solaas al averiguar si pude construirse un
mapa de los deseos. Wish café es un experimento
desarrollado durante varios meses de 2009 proponiendo
una red social en Internet donde los participantes se
definen solo a través de lo que desean. En la
muestra se exhiben visualizaciones dinámicas de
ese paisaje y el visitante puede navegarlo. Si lo que
aparece y nos conecta en la red es lo que deseamos, o
sea lo que no tenemos, cabría verla como una anti-red, “una
trama de agujeros”. Al mostrar lo que nos falta,
ese que aparece es nuestro extranjero.
Un baño simple y tradicional
como el que nos propone Tamara Stuby puede ubicarnos
frente a preguntas íntimas, personales, elementales:
quiénes somos, dónde estamos, dónde
quisiéramos estar, cuál es nuestro lugar.
En el ritmo de la exhibición, la inesperada aparición
de un espacio cotidiano se transforma en una pregunta
desconcertarte. Un baño con ciertas indicaciones,
marcas de la pose fotográfica, que nos enfrentan
al encuadre de nuestro rostro, de nuestra imagen.
“Where are you?” se pregunta
en el video de Liliana Porter. “Where are you from?” es
la pregunta de Pat Badani. ¿Estamos o venimos? ¿De
qué materias están hechos nuestros deseos,
nuestros discos piratas, las maquinarias que nos ponen
en marcha o en las que buscamos descifrar lo que leen
la ciencia y el arte? ¿Cómo se articulan
esas partes que a veces llamamos público o privado,
estructuras o azar, espejos o papers?
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