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Pierrick Sorin realiza cortometrajes y dispositivos visuales donde se mofa, en un tono burlesco, de la existencia humana y de la creación artística. Ferviente practicante de la autofilmación, es por lo general el único actor de las historias que inventa. Pero el artista es también un hijo de Méliès: crea en particular pequeños "teatros ópticos", mezclas de ingeniosos bricolages y nuevas tecnologías que le permiten aparecer como por arte de magia en el espacio, en forma de pequeño holograma y entre objetos reales.
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