La discusión acerca del estatuto de la imagen atraviesa la historia del cine. ¿Se trata de un espejo que reproduce la realidad o acaso es un discurso ideológico sobre ella?
Esa confrontación entre modos enfrentados de apreciar las imágenes en movimiento se expresó según formulaciones diferentes en cada época. A partir de los años 60 y 70 (bajo el influjo de las teorías de Eisenstein y Brecht, el estructuralismo, el post-estructuralismo, la deconstrucción, el psicoanálisis, el marxismo, la semiología), se produjeron múltiples debates que intentaron desmontar criticamente algunas nociones sobre las que se había apoyado el cine clásico y que, en su momento, la revista Cinéthique denominó "efecto-cámara": impresión de realidad, ilusionismo, transparencia, centralidad del espectador, identificación con el universo representado.
Esos desarrollos teóricos fuertemente cuestionadores pueden sintetizarse en la concepción del cine como un dispositivo. Esta noción vincula al artefacto técnico de registro con las formaciones ideológicas que producen y hacen circular un determinado imaginario. Para Jean-Louis Baudry, por ejemplo, la imagen cinematográfica involucra una doble dimensión: el film es tanto un artefacto como una experiencia subjetiva de gratificación. Según las teorías más radicalizadas de los años 70, las películas hegemónicas utilizan la fascinación del espectador para reafirmar un determinado modelo de mundo mientras que las obras más provocadoras deberían poner en cuestión ese vínculo.
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