Extranjerías mediáticas
Jorge La Ferla
On Translation: Miedo/Jauf, Antoni Muntadas, España,
52´18´´, 2007.
Miedo, Claudia Aravena Abughosh, Chile, 15´, 2007
Parabolic People, Sandra Kogut, Brasil/Francia, 35´, 1991
Pasaporte Húngaro, Sandra Kogut, Brasil/Francia, 71´,
2001
Alguien en la Terraza, Christoph Behl, Alemania/Argentina, 75´,
2006
Avó (Muidumbe), Raquel Schefer, Portugal, 10´40´´,
2009
Indocumentado, Edgar Endress, Chile/USA, 10´, 2005
Hamaca Paraguaya, Paz Encina, Paraguay, 7´, 2000
A.phan.ousia, Maya Watanabe, Perú, 4´45´´,
2008
Cruzar fronteras, reales e imaginarias, recorriendo diversos territorios
de conflicto –y confluencia– entre lo que se cree como
propio y lo que se piensa como diferente, es puesto en escena en
esta serie de obras de video que, por una parte, muestran visiones
del mundo, y, por otra, retratan a los mismos artistas. Los diversos
tópicos propuestos por esta serie, incluyen los eventos,
coloquios, publicaciones y exposiciones, presentados con el nombre,
y bajo el concepto, de Extranjerías.
El uso del video, combinado con el procesamiento digital, en sus
vinculaciones con operaciones provenientes del cine, es parte trascendente
de una combinatoria de los diversos dispositivos puestos en cuestión
por el video digital. Esta serie de obras proponen un discurso
distinto a la uniformidad del documental y del cine clásico,
en momentos críticos de disolución del aparato fotoquímico
y videográfico, ahora simulados por la máquina digital.
En este sentido, estas nueve obras son alternativas narrativas
y expresivas para tratar la cuestión del otro, de lo extranjero,
a partir de un discurso donde confluyen diversos medios audiovisuales,
fotoquímicos, electrónicos y digitales.
La extensa trayectoria artística de un referente en el campo
del arte como Antoni Muntadas, quien hizo de lo itinerante parte
importante de su vida, se vuelve objeto de reflexión de
un entorno en quien ya no se distingue lo propio nacional de lo
ajeno, extranjero. Bajo diversas instancias de interpretación
del contexto local en su relación con lo global, Muntadas
marca con sus exposiciones e intervenciones un dibujo planetario
cuestionador del rol del artista como genuino representante de
lo local que se define desde su propio espacio nacional. Sus recorridos
durante más de tres décadas alrededor del planeta
con la serie On Translation, que se inician en Helsinki en 1975,
forman un conglomerado discursivo a partir de las múltiples
acciones, instalaciones, performances, presentaciones, documentaciones,
catálogos, libros, soportes interactivos, que ofrecen un
complejo diario de bitácora elaborado con diversas tecnologías
y presentado en múltiples formatos, que van desde el espacio
del museo y la galería a variados ámbitos académicos
y mediáticos. Esta amplia y variada plataforma tecnológica
multimedia, sin embargo, retorna a otro antiguo soporte, como es
el video monocanal. Si recordamos la extensa obra de Muntadas en
la historia del video experimental, extinguido como movimiento
artístico específico, nos encontramos con una propuesta
que reformula el ensayo documental. Estos primeros capítulos/acciones
de la serie Fear constituyen una instancia de interpelación
de la construcción del discurso sobre el otro extranjero.
En Fear, a diferencia de sus trabajos anteriores donde predomina
el uso del archivo, el registro con la cámara es una de
sus claves. A mitad de camino entre una instancia televisiva de
reportaje, el sustento conceptual de estos testimonios, se concentra
en el punto de vista de la cámara, en la grabación
en estudio y en la ausencia del entrevistador. La pregunta misma
está elidida pero a la vez presente en las respuestas y
en su combinatoria a través de la edición. Dominado
por el corte, este montaje conceptual, confronta los conceptos
sobre el otro, desde ambos bordes de las fronteras, reales y simbólicas,
entre los denominados territorios Norte y Sur . Bordes y zonas álgidas
de conflicto, infranqueables por ley para los de abajo, irreconciliables
en las figuras que provoca la imagen hostil de cada uno en el otro.
El diferido, que implica el video, frente al directo televisivo,
es el lugar y la operación de la idea, que le permite a
Muntadas reconfigurar respuestas, situaciones, rostros, miradas,
pieles, lenguas en algo que por los tiempos largos entre los cortes,
la ausencias de decorados y escenografías, figura como una
galería antropológica, donde los testimonios, los
rostros y los cuerpos, están juntos, y se confrontan en
otra arena, como es la del video. Ambos Fear, el I y el II, son
videos extensos, que requieren un espectador inmóvil, sentado
y atento, que vea y escuche frente a un soporte monocanal, alejado
de la instancia de desplazamiento del espectador que suele proponer
una instalación. Con estos trabajos Muntadas retoma un discurso
de tensión entre la TV y el Video, entre el reportaje en
aparente directo, y su estructura posterior, elaborada en la postproducción,
una nueva praxis con la imagen electrónica en la que Muntadas
vuelve a responder a su pregunta Video es Televisión? .
Fear II trata sobre las fronteras entre España y el norte
de África vecino, evitando focalizar la obra en la fobia
contra el mundo árabe, que se extiende después del
11 de septiembre de 2001 para destacar aspectos más sutiles
como puede ser el imaginario que predomina a través del
cruce de fronteras, en los que se han quedado y en los que han
atravesado los límites, físicos y mentales, a ambos
lados del conflictivo borde.
Fear, es también el título del video de la realizadora
Claudia Aravena, chilena, de origen palestino y residente en Alemania.
La utilización de archivos intervenidos, sacándolos
de su contexto original, constituye una marca expresiva y conceptual,
que rompe con el corte lineal y la lógica del montaje original
de estos materiales provenientes, en parte, de películas
de Hollywood. Este recurso a la memoria del cine configura un collage
conceptual, que podemos pensar como un ensayo sobre la imagen mediatizada
del miedo como tal. Primero fue el cine en su forma de espectáculo,
que fue creando ciertos mitos a través de referencias del
cine comercial, desde Kubrick a Polanski, lo filmado queda como
discurso de la ficción sobre los miedos actuales, relacionados
con las enfermedades, plagas, guerras, sectas, terrorismo. Notable
paradoja para los tiempos actuales en que la muerte del cine es
un hecho en su simulación a través de soportes digitales,
desde los cuales se construye una máquina comparativa con
un pasado, al que sólo se puede hacer referencia desde el
cine mismo. Aravena también apela a la imagen del miedo,
a través de su nombre, en una enciclopedia que escribe y
sustenta en un directo de cámara, a través del cual
se junta el directo de la imagen con el sonido. El recorrido y
la mención alfabética de casi todas las fases del
temor sustantivo se apoyan en el rostro y su piel, los labios y
la boca, y el cuerpo del personaje frente a la cámara. Es
la misma Claudia Aravena quien, con su acción performativa
frente cámara, con sus rasgos árabes, su acento chileno,
sus diversas máscaras, propone una puesta en escena de sí misma
y de su propia identidad.
Parabolic People de Sandra Kogut, presenta, a inicios de los años
noventa, un auspicioso relato sobre la llamada globalización.
De manera premonitoria, ofrece una concepción de collage
que trasciende los límites territoriales y lingüísticos,
sobre ciudadanos del planeta interpelados por una cámara
e reinterpretados por una estética en la que predomina el
montaje vertical de las imágenes en cuadro demostrando las
implicancias expresivas del uso específico de las técnicas
digitales para elaborar este discurso. En esta producción
francesa Kogut retoma la experiencia de Río de Janeiro,
de Las videocabinas son cajas negras. Ese temprano discurso sobre
lo que se iba a denominar globalización, tiene como base
conceptual, un video que se focaliza únicamente en lo local.
Algo similar a lo que realizaría más adelante, también
en su ciudad, con su film Allá y Acá, trazando los
trayectos entre periferias. Este mapeo establece el campo de conflicto
a nivel narrativo en el desplazamiento y en las dudas que genera
en la protagonista. Y ésta es también la temática
de Pasaporte húngaro, la otra obra de Sandra Kogut, presente
en esta selección. La diferencia es que la protagonista
exclusiva es la misma realizadora que ofrece su introspección
personal, en un relato que se puede interpretar como biográfico
familiar, pero que en verdad es una plataforma de las visiones
interiores de la misma realizadora. Los trayectos de búsqueda
de sus orígenes ancestrales parten del testimonio y de un
símbolo: un pasaporte. El presupuesto narrativo se articula
en este móvil y las acciones consiguientes del personaje
Kogut para conseguir el pasaporte de la nacionalidad de su abuela.
El choque con la burocracia del ex país socialista es el
punto de partida para iniciar una revisión de las versiones
sobre un pasado familiar y sus recorridos inmigratorios por Brasil,
Francia y Hungría. Estas historias desatan un poderoso imaginario
que confluyen en una búsqueda personal de la identidad de
Sandra Kogut. El propio cuerpo de la autora, en el fuera de campo
marcado por su trabajo con la cámara y el directo de su
voz, es uno de los recursos, que Kogut sistematiza para ponerse
en cuestión como persona y documentalista, aplicando diversas
miradas en la construcción de su subjetividad, de sus creencias
sobre sus orígenes y una visión de su entorno personal,
nacional e histórico. La inscripción del propio cuerpo,
en apariencia invisible, forma parte de una imagen crítica,
alejada de lo especular, que ofrece, voz y discurso, a la protagonista
principal del documental, ella misma.
Alguien en la Terraza de Christoph Behl, también propone
variantes en este género del autorretrato documental . Esta
perspectiva se destaca por el trabajo con la propia representación
del realizador, quien oficia de camarógrafo y a menudo está frente
a la cámara. Behl, alemán residente en Argentina,
viene trabajando en diversas líneas alternativamente con
el cine y el video, donde pasa de la ficción al documental.
El protagonista principal es un fotógrafo alemán,
Markus, quien en su confrontación con Behl, crea la trama
en el entorno de Buenos Aires. Cada uno de los protagonistas cumple
con la cláusula de mostrar al otro, a partir de las reacciones
que le provoca, en sus diálogos (todos en alemán)
en el crescendo de un enfrentamiento, donde se va constituyendo
una visión interior de Behl, en las maneras como su intolerancia
crece con respecto al otro. Como extranjero en Buenos Aires, Behl
cuestiona una cierta forma de ser alemán a través
de la visión crítica de su amigo Markus. Behl, en
su localía porteña se mueve con soltura en el marasmo
político y económico de Argentina y en la vida cotidiana
de Buenos Aires. Más que un documental sobre un fotógrafo
alemán en Buenos Aires, este trabajo trata sobre un director
de cine que domina el lenguaje porteño, que está instalado
en la ciudad desde hace tiempo y está en busca de una identidad
confusa. A diferencia de Tetro (2009) de Francis Ford Coppola,
en esta película de Behl, Buenos Aires no se presenta como
una locación más, justificada por dudosos clichés,
sino que, por el contrario, es este marco el que le da sentido
al trabajo, desde la escena pública a la intimidad de la
casa del protagonista, quien desde el video enfrenta la construcción
fotográfica del contexto que realiza su amigo, en dos formas
de ver lo argentino, a través de dos dispositivos e ideologías
diversas.
En esta línea de introspección personal a través
del autorretrato documental y de la hibridez mediática entre
lo fotoquímico y la imagen video, incluimos la obra Abuelo,
de Raquel Schefer, ya que permite una relectura del cine como mitología,
como veíamos en la obra de Aravena, pero en vez de ser a
través de la ficción, es el aura del cine documental
que se impone en el uso de archivos fílmicos domésticos.
Este extenso work in progress nace originalmente como parte de
una tesis sobre cine documental, As Armas e os Barões Assinalados –que
proponía la reflexión sobre las implicancias de la
apropiación de material de archivo rodado en paso reducido.
Estas películas fueron realizadas por el abuelo de Schefer
durante su residencia como funcionario en Mozambique, cuando era
colonia portuguesa, durante las dos décadas anteriores a
su independencia (1974). Así, treinta años después
de la abrupta partida de su familia de África, Schefer intentará remontar
esa historia familiar que no vivió, pero que rememora como
una narrativa personal propia. Algunas secuencias de este exótico
y apacible archivo familiar fílmico, son el punto de partida
para su lectura, desde el video, de la historia de una región,
perteneciente a Portugal, y que ahora es una nación extranjera.
Así, Schefer se plantea la relación con un territorio
y un tiempo pasado y relatos imaginarios sobre el Mozambique de
la época colonial, a través de imágenes donde
sus ancestros se muestran en espontáneas escenas con los
funcionarios y militares de turno, y con la gente originaria de
la zona. En un momento la autora realiza una performance frente
a cámara, transformada en su abuela, leyendo un texto con
sus apreciaciones sobre la vida pasada en África. Vestida
con la misma ropa, confeccionada bajo el modelo que lleva su abuela
en las películas, Schefer explora miméticamente sus
movimientos y gestos. Es a partir de esta acción de repetición
que Schefer se distancia, y deconstruye esas escenas confrontando
la apacible inocencia de esa cotidianeidad. Schefer trasciende
la trasparencia con la que se presenta cierto relato histórico
de los archivos familiares desvelando la memoria ominosa, personal
y política, de una familia y una nación donde la
inocencia del recuerdo colonial es confrontado a un presente, políticamente
correcto, de culpabilidad a través de una lectura del pasado
familiar y nacional de sometimiento y apropiación en las
ex colonias.
Indocumentado, es un retorno de Endress a su país, donde
produce un trabajo sobre la frontera norte de Chile, intentando
reconstruir una noticia convertida en un caso (¿policial,
militar?) que ocurre en los límites con el vecino Perú.
El hecho ocurre en enero de 2004, cuando militares chilenos fusilan
a un inmigrante “indocumentado” en el paso entre ambos
países. Así se desata una serie de búsquedas
a través de los medios que hacen a la historia de esta persona,
que al intentar cambiar de país pasa de ser un ciudadano
sin documentos a convertirse en un extranjero clandestino y por
ende en un muerto no identificado. Esto releva una serie de diferencias
que se crean entre zonas de una misma región, los Andes,
y de historias de conflictos entre naciones con sus diversas fronteras
comunes, reales y simbólicas. La confrontación se
establece en distintas arenas a lo largo de la historia de la relación
entre ambas naciones vecinas. Desde el cuestionamiento de los límites
marcados tras la independencia y el nuevo trazado tras la Guerra
del Pacífico, en el Siglo XIX, hasta el reciente pasado
dictatorial de Pinochet y de Fujimori y la intensa inmigración
peruana a Chile, que busca trabajo y un mejor nivel económico.
La mediatización de este incidente, alcanza un pico de intensidad
cuando se difunde la foto de la víctima en los medios con
el titular: “¿Quién lo conoce?”. Es en
la frontera, una vez más, donde se dirimen las diferencias
y el otro extranjero es eliminado. El video construye la trama
del pasado anterior del personaje en su camino hacia la frontera,
donde la imposibilidad del pasaje del cuerpo de la víctima
es recuperada por su relato animista.
Hamaca Paraguaya, de la realizadora Paz Encina, es un video trascendente
para la historia del audiovisual de Paraguay, tanto como el film
homónimo, para la historia del cine de América Latina.
Este cortometraje es uno de los pocos que recurre a actores y propone
una ficción. Ambos protagonistas ubicados en un plano fijo
lejano son la base del armado de la escena establecida por la cámara,
junto a la serie de efectos especiales que enrarecen el espacio
y el tiempo a partir de una textura manipulada y una cámara
lenta. Así se presenta una escena dominada por un cuadro
que aparenta un fuera de foco y donde la velocidad de las acciones
no simula el movimiento real y se aleja de cualquier representación
naturalista o realista de la historia en la que una pareja de campesinos
espera al hijo único en una zona rural del Paraguay. El
punto de vista de la cámara plantea una composición
que hace recordar el recorte del espacio del realizador japonés
Ozu y una estética bien alejada de cualquier mainstream
del acartonado cine regional. Además, en su extrañamiento,
este video se puede considerar un guión de lo que iba a
ser el largometraje Hamaca Paraguaya, aunque asociado a esa idea
de guión que encontramos en parte de la obra de Jean-Luc
Godard. Más específicamente, en Guión de la
Película Pasión encontramos una propuesta en video
que permite pensar procesos conceptuales puestos en juego en la
realización de un film. Aunque a diferencia del video citado
de Godard, hecho a posteriori de la conclusión de la película,
el video de Encina anticipa el concepto que propondría el
film. Un preludio, más que un ensayo, para esa variación
mayor que es Hamaca Paraguaya, rodado en 35 mm. Otra marca específica
es el armado de una banda sonora ambigua en sus valores de reconstrucción
del sonido ambiente. Si bien la tecnología del video lo
permite en la instancia de la captura, éste no se presenta
como referencial, abriendo un campo imaginario acentuado por el
uso exclusivo del habla guaraní, que resulta de un efecto
del doblaje en estudio, pues los actores no mueven los labios.
A.phan.ousia de Maya Watanabe, recurre también a una actriz,
y al doblaje de su elocución, en la etapa de postproducción.
Es la paradoja que resaltamos, al estar trabajando con el dispositivo
del video, que a diferencia del cine, permite la captura simultánea
de imagen y sonido, codificados ambos en la señal de video.
Es en esta desviación, de no recurrir al sonido directo,
que también sustenta su expresión la obra de Watanabe.
Recordemos que en cine el sonido es ajeno y extraño al momento
de la captura de la imagen. Históricamente se ha debido
recurrir a un aparato grabador externo. A.phan.ousia hace de estos
procesos un extrañamiento que afirma su reflexión
sobre los usos del sonido en cine y en video. En la negación
de capturar sonido mientras se registran las imágenes, ubicando
otro sonido como referencia, se acerca más a los procesos
del cine. Los movimientos de los labios de la actriz pronuncian,
pero su boca no emite sonido. Por efecto, lo que se escucha proviene
de otra fuente: alocuciones de películas, en sus diversas
lenguas originales. Se trata de textos cuyo valor reside en la
oralidad y en la marca sonora que les infligió el actor
para la película. Si bien la actriz podría haberlos
dicho, hay un significado agregado por provenir estos de sus fuentes
originales, estando marcados y volviéndose reconocibles
en relación con el actor que los emitió. Este diálogo
con el cine se refuerza en la distancia que produce la actriz,
quien deambula con la misma expresión, por un espacio neutro
que es un set pero que tampoco es reconocible como locación.
Ese cuerpo habla a partir de otros textos y otras voces, desde
otros films, pero sin voz sonora propia. Esta divergencia pone
en relación las fronteras del dispositivo de registro cinematográfico
con el del video, pero revirtiéndose en sus usos respectivos.
El extrañamiento e hibridez de los dispositivos tecnológicos
del cine, el video y el digital se combinan para producir una serie
de obras que tratan cuestiones de extranjería que se plantean
en el mismo uso del audiovisual. Se ponen en escena diversas temáticas
relacionadas con los desplazamientos del otro, pero también
de los autores mismos, en el espacio en el cual la cámara
es el intermediario; ellos van emigrando desde el frente dentro
de cuadro, a detrás de la misma, elaborando el concepto
de una mirada, sobre el objeto y los personajes , y sobre ellos
mismos como artistas. Todos los autores de esta selección
son iberoamericanos y gran parte de su vida ha transcurrido en
el extranjero. Todos ofrecen esta serie de videos que se concentran
sobre la idea de un desplazamiento propio y ajeno. Las miradas
de estos ocho artistas exceden la cuestión de los extrañamientos
causados por sus propias migraciones y expanden esta situación
de migración al uso de los diversos medios audiovisuales
como expresión de un concepto sobre los dispositivos.
Estos artistas también son extranjeros por establecer diversas
formas de lectura de sí mismos y esto a través de
una significativa migración al video digital y a menudo
confrontando con el cine, en usos híbridos que diversifican
los clásicos discursos de la ficción y el documental.
Muchos han producido un diálogo con la mitología
del cine, desde otros soportes, e incluso varios son realizadores
cinematográficos. La imposición del régimen
digital virtual en las comunicaciones y las artes visuales los
ha hecho convertirse en nativos digitales, pero haciendo de esta
circunstancia parte de su discurso conceptual y artístico
y no pasando a la imagen virtual lábilmente en la improbable
mimesis del cine y el video simulados, ocultando la especificidad
de la imagen numérica. Finalmente, todos estos autores trascienden
la pregunta Where am I? y se concentran en el Who am I? a partir
de una visión del mundo y del entorno, que va más
allá del documental o del relato clásico biográfico
para convertirse en un ensayo sobre los medios y un retrato sobre
sí mismos en un contexto donde siempre se representan como
extranjeros.
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